Mary Shelley (1797-1851)

La obra Frankenstein o el moderno Prometeo aparece publicada por primera vez en enero de 1818, de forma anónima, con una dedicatoria a W. Godwin y una presentación de Percy B. Shelley, lo que hizo que muchas personas le atribuyeran a él la autoría. Pero la autora, oculta, no era otra que Mary W. G. Shelley, hija de la filósofa y escritora Mary Wollstonecraft, autora de la Vindicación de los derechos de las mujeres (1792) y del filósofo político William Godwin. Para algunos críticos, conocer que la autora de la novela era una mujer solo merecía un comentario:
“El autor es, tenemos entendido, una mujer; eso supone un agravante de lo que es el mayor error de la novela; pero si la autora puede olvidarse de la delicadeza de su sexo, no hay razones para que nosotros la recordemos; y por tanto despacharemos esta novela sin más comentario” Nota incluida en el British Critic bajo el título “Crítica de Frankenstein” en 1818. 
Mary Shelley creció en Londres, en la casa de la calle Skinner donde su padre tenía una librería visitada por autores como S. T. Coleridge. Allí se encontraban también los libros de la madre ausente, que había muerto de fiebres puerperales unos días después del nacimiento de Mary. Releía sus páginas una y otra vez, tratando de establecer un diálogo con ella, como lo hacía cuando se refugiaba a leer junto su tumba en el cementerio de St. Pancras, y allí fue dando forma a su imaginación en sus diarios y primeros escritos. Ella misma relata, cuando presenta la edición de 1831, que cuando era una niña su pasatiempo favorito era escribir historias y que tenía un placer aún mayor que ese, y era la formación de castillos en el aire: recrearse soñando despierta, desarrollar tramas que tenían como único objetivo la formación de sucesiones de incidentes imaginarios. La joven Mary conoce a Percy B. Shelley que había sido expulsado de Oxford por su ateísmo y por sus ideas políticas y filosóficas radicales, y empezaba a ser conocido como representante del nuevo movimiento romántico literario. Inician una vida juntos, una vida nómada que les lleva primero a Francia, de nuevo a Inglaterra, a Suiza, donde se gesta Frankenstein, y luego, a diversas ciudades italianas. Ambos escriben y comparten su pasión por la literatura y la filosofía. Percy muere en un naufragio, tan solo ocho años después de conocerse y antes de cumplir 30 años. Mary se había despedido también de tres hijos de corta edad y solo le sobrevive uno, el más pequeño, con quien regresa a Inglaterra.
Debió ser, la de Mary, una vida plagada de sufrimientos y contradicciones: los anhelos de libertad y reconocimiento como ser racional y autónomo y las imposiciones morales de una sociedad que define claramente, y lo hará aún más a medida que avanza el siglo, el comportamiento “decente” de las mujeres: cumplir con las obligaciones de buena esposa y madre. Si deseaba lo primero, la sociedad y su propia familia siempre le recordarán que lo apropiado era lo segundo. Pero Mary se convierte en una escritora reconocida. Publica: Valperga (1823), El último hombre (1826), Lodore (1835), Falkner (1837) y Mathilda (de 1819, pero publicada póstumamente), entre otros trabajos y colaboraciones literarias. Es la editora de la obra completa de Shelley y la autora de la inmortal Frankenstein, o el moderno Prometeo.