Las mil vidas del monstruo

Abyecto y repugnante engendro, cadáver demoníaco, horrible ser, repulsiva criatura, vampiro, infame y asqueroso monstruo, miserable demonio, informe masa inmunda… Estos, entre otros apelativos, definen en la literatura a quién terminó convirtiéndose para el ideario colectivo en Frankenstein, sin más: un icono que tomó, poco a poco y sin querer, el apellido de su creador. La imaginación de una jovencísima Mary Shelley concibió un ser al que le negó un nombre. En su novela Frankenstein o el moderno Prometeo, ideó una criatura para la que no escatimó adjetivos, a cada cual más inquietante, y que fue creada con trozos de cadáveres por su protagonista, Víctor Frankenstein. Fue dotado de un aspecto repulsivo, lo que le valió el rechazo y el odio de sus “semejantes”, incluido los de su creador, su padre científico, digámoslo así. Pese a tan funesto destino, la trayectoria de la criatura de Frankenstein ha sido la del reconocimiento y el éxito. Hoy, doscientos años después y en pleno siglo XXI, son pocos los que no conocen su historia, y eso lo convierte en un personaje muy popular y en un auténtico mito. La obra de Shelley es una de las piezas literarias más importantes del siglo XIX y comúnmente se la considera parte de la producción del género gótico, aunque no se le niega además ser una de las iniciadoras del relato de ciencia ficción. Sea como fuere, la obra de Mary Shelley fue trasladada a los escenarios poco tiempo después de su primera publicación en 1818, y tras el nacimiento del cinematógrafo en 1895 fue pronto adaptada para el nuevo medio. La criatura nació definitivamente para el cine en 1910 de manos del director J. Searle Dawley y el productor estadounidense Thomas Alva Edison. El espaldarazo definitivo a la fama vino de la mano del cineasta inglés James Whale, quien en 1931 dirigió Frankenstein para la productora estadounidense Universal. El incuestionable éxito de la cinta abrió, no solo un importante episodio de la Historia del Cine, sino también un camino de no retorno del monstruo, conocido por todos a partir de ahora como Frankenstein, y cuyo aspecto físico más popular es aún hoy el ofrecido por esta versión. Manifestaciones artísticas y creativas tan variadas como la literatura, la pintura, el dibujo, el diseño, la música, las artes escénicas, el cómic, el cine, la televisión, la moda y la publicidad, se han visto influenciadas directa o indirectamente por este mito literario. Aún hoy, el argumento de la novela de Shelley inspira reflexiones de gran actualidad, y su criatura se ha convertido en un fenómeno de masas, razones suficientes por las que Frankenstein o el moderno Prometeo ha conseguido ocupar un lugar privilegiado en la cultural occidental.