La isla, las islas: su gran preocupación

Álvarez Rixo manifiesta una preocupación constante y sincera hacia su tierra. Sus escritos y sus actos reflejan este hecho y constatan su concepción de Canarias como una entidad unitaria, no solamente a niveles geográficos, sino también administrativa y culturalmente. A través de su obra se muestra como un perfecto conocedor de las virtudes y de las debilidades de los isleños; y en numerosas ocasiones no deja de recordar los males que la ignorancia, la falta de previsión y el desinterés, entre otras actitudes negativas, producen en el desarrollo general del Archipiélago y en el progreso particular de sus pueblos y habitantes. Sus comentarios en este sentido son frecuentes:

«En tonterías de lujo, son diligentes nuestros paisanos; mas en imitar las conveniencias civiles de otros paisajes, nada.»

«Es prurito peculiar de los isleños, que relatan cuantas menudencias atañen a sus convecinos, no obstante que las demás cosas del país son bien pocos los que las cuentan con mediana inteligencia.»

«Regularmente en las Canarias todo lo público empieza de modo halagüeño que recrea y da esperanzas de la continuación de lo bueno; pero al mejor del tiempo entra la pereza, o sobreviene la discordia, y quedan las cosas a medias.»

También se manifiesta contra los gobernantes y autoridades por su responsabilidad en el estado de las cosas, como cuando comenta las ventajas del comercio con la cercana costa africana y de la pesca en este caladero, oportunamente advertidas por los consejeros comerciales del rey de Francia, pero:

«Los magnates y mezquinos gobernantes de las islas, creyendo esto inferior a su esfera, han mostrado su necedad e ineptitud para fomentar al país que los sostiene… quizá venga un día que todo se cumple y entonces los extranjeros que todo lo perfeccionan también nos proveerán del pescado, así como nos proveen hasta de las camisas que vestimos.»

De la misma forma, en relación con el comercio de la barrilla y sus desaprovechadas posibilidades, Álvarez Rixo señala:

«Se puede venir en conocimiento de la ninguna protección con que el Gobierno español mira este país, y de la ignorancia en que está de las fáciles ventajas que de él se podrían sacar en manos de un pueblo inteligente e industrioso.»

Pero Álvarez Rixo nunca lleva su crítica hasta límites ácidos, la emplea para señalar los errores y aporta soluciones y alternativas racionales. Ello se advierte claramente en los títulos de algunas de sus contribuciones: Cómo podría hermosearse la campiña de Santa Cruz; Caminos vecinales. En qué ha consistido y todavía consiste la indolencia y abandono en que generalmente se encuentran. Observación que puede contribuir para su remedio, etc.

Álvarez Rixo se indigna ante el desconocimiento de la historia de las islas, el desinterés por conocerla, la falta de datos para construirla y el que no se tomasen las medidas precisas para evitar la pérdida, la fragmentación y la dispersión de la escasa documentación existente.

Nada de la realidad canaria escapa a la atención de Álvarez Rixo: las controversias políticas, la cada día más enconada cuestión del pleito insular, las costumbres isleñas, las culturas aborígenes, las características de las hablas del Archipiélago, los cultivos y el comercio, la cultura y la educación, las vías y caminos. Como vemos, él constituye la memoria de su tiempo. Y también su conciencia.